Ha llegado a ser evidente que nada en arte es evidente.
T. Adorno.

viernes, 11 de mayo de 2018

CALIFICACIONES

¡Por fin, que vaya tarde me habéis dado!


ISABEL ALMENDROS. Debe recuperar 1ª,2ª y3ª.
AÍDA GIL. Debe recuperar 3ª.
NOELIA MOYA. Debe recuperar 2ª.
PAULA SÁNCHEZ. Debe recuperar 2ª y 3ª.
RAQUEL SARRIÓN. Debe recuperar 2ª y 3ª.
BIANCA TASCA. Debe recuperar 1ª.

Enhorabuena a los aprobados, aunque he de deciros que entre ellos hay exámenes malísimos, que han podido vivir de rentas pretéritas. Si vais a presentaros a la EvAU algunos tenéis que poneros las pilas ya u os van a crujir... Al resto, mucho ánimo para este tramo final.

Os recuerdo que la recuperación será el lunes o el miércoles (a escoger), según hemos quedado está mañana. Las imágenes serán las más importantes de cada evaluación, tomando como referencia las que ya han salido en otros ejercicios o imágenes de naturaleza similar.

LOS FUSILAMIENTOS DE LA MONCLOA.


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- La obra pictórica que me dispongo a comentar se trata de LOS FUSILAMIENTOS DE LA MONCLOA , realizada por GOYA en el siglo XIX( 1814), y la podemos encontrar en el actual MUSEO DEL PRADO.( Madrid).
( Antes de realizar el análisis de la obra tendríamos que hablar de las características principales del neoclasicismo; proceso de revisión de lo clásico de rápida implantación. Y no olvidar citar aspectos esenciales de la vida, obra de GOYA). Realizado esto;

- Esta obra se trata de un tema HISTÓRICO, porque pinta los fusilamientos de la MONCLOA, el 3 de mayo de 1808 en Madrid, donde MURAT( cuñado de Napoleón ) ordena fusilar a los varones  que el día anterior se habían levantado en la Puerta Del Sol.
Goya presenta a los soldados franceses de espalda y de frente a los españoles para que podamos verles sus rostros.


-Goya utiliza la composición áurea, con la que destaca a un personaje desde un ángulo, en este caso el de la camisa blanca. 


- Realizada con técnica del óleo, aceite, da brillo a la pintura y permite pintar más deprisa por su rápido secado.


-LA LUZ es lo más importante de esta obra, que a través de un claroscuro destaca al hombre de la camisa blanca, para señalar quienes son las víctimas. Resalta el dramatismo de la obra, y la luz sale de un farol apoyado en el suelo que ilumina intencionadamente a las víctimas.


-Observamos EL ESTILO ROMÁNTICO, por la narración emotiva de la historia y EL EXPRESIONISMO, por la deformación de la realidad utilizando las manchas y haciendo protagonista al color negro. Vemos también el carácter Dramático de la obra en los rostros de los protagonistas.


- Cabe señalar el año 1808, cuando se produce su segunda crisis,, consecuencia de la guerra de independencia, en la que observamos una visión horrorizada y transparente. De esta etapa de la vida de Cervantes procede esta obra, que está cargada de intensidad expresiva absolutamente moderna.


-No es el típico cuadro romántico sobre la victoria, es un cuadro que narra la lucha por la libertad y el dramatismo.


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Juramento de los Horacios.

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CLASIFICACIÓN:
Nos encontramos ante El juramento de los Horacios, una obra pictórica neoclásica realizada en 1784  con la técnica del óleo sobre lienzo por Jacques Louis David, la máxima figura de la pintura  neoclásica y un artista comprometido con los acontecimientos sociales que le tocó vivir. Actualmente la obra se encuentra en el museo del Louvre.

ANÁLISIS:
La obra se divide en 3 grupos bien equilibrados que se refuerza con la arquitectura del segundo plano. El primer grupo, enmarcado en el primer arco, lo forman los hermanos prestando juramento de guerra. El segundo grupo está formado por el padre enmarcado por el segundo arco. En el tercer grupo,  se encuentran las mujeres lamentándose bajo un tercer arco apreciándose así una diferencia entre el género masculino y el femenino. El deber por la patria lo representan los hombres fuertes frente al dramatismo de las mujeres creándose así un sentido teatral. Por otra parte podríamos hablar de la composición piramidal del cuadro que está presente en las piernas de los hermanos y del padre y también los tres grupos forman una triangulo cuyo vértice son las espadas evidenciando la presencia del equilibrio como renovación de lo clásico.  Podemos observar que la  línea predomina y se preocupa menos por el color, alejándose así de la pintura barroca. Respecto a los colores, hay un equilibrio entre los tonos fríos y cálidos. La pintura aparece dibujada, las figuras están perfiladas con total nitidez sobre el fondo oscuro como si se tratara más de un relieve que de una pintura. Existe una gran intención de representar el detalle cómo se puede apreciar en las anatomías de los personajes (se puede ver la musculatura definida) y en las vestimentas que tienen pliegues y texturas. La luz proviene de la izquierda y la utiliza para que centremos nuestra atención en los personajes, especialmente en las mujeres para mostrar su sufrimiento. La perspectiva es lineal, centrándose en las manos de la figura central del padre, quien además realiza la acción principal en el juramento de sus hijos, que es el sostenimiento de las espadas. El punto de fuga de la composición es la mano del padre que sostiene las 3 espadas. Respecto al segundo plano, aparece una arquitectura pura y que no tiene prácticamente nada de decoración evidenciando así un distanciamiento de la arquitectura ornamental  barroca. En todos los personajes encontramos una clara idealización tal y como si fueran actores más que personas reales y nos recuerdan mucho más a las esculturas clásicas idealizadas que al realismo barroco.

COMENTARIO:
Nos encontramos ante el neoclásico, un movimiento artístico que surge en la segunda mitad del siglo XVIII como reacción al decorativismo y exuberancia del Barroco y Rococó que se habían desviado de lo clásico y pervertido la pureza. El neoclásico consistió principalmente en la recuperación imitadora del mundo clásico tal y como se puede apreciar en este cuadro. En otras artes como la arquitectura y escultura sí que se pudo imitar las propias de la Antigüedad. Sin embargo, al no existir pintura en la Antigüedad, tuvieron que fijarse en los relieves de donde aprendieron la anatomía y modelado del cuerpo. El resultado de esto fue una pintura en la que la forma predominaba sobre el color y se mostraban contenidos que reflejaban la ideología política del momento a través de temas solemnes y ejemplares del mundo antiguo. Jacques Louis David fue la máxima figura de la pintura neoclásica y la obra que nos ocupa fue la primera que realizó con una intención más bien moralizante. David usa un tema heroico sacado de la historia de la Roma Republicana. Los 3 Horacios, defendiendo a Roma, han de enfrentarse a los 3 Curiacios  que defendían Alba Longa. La tragedia está en que una de las hermanas de los Horacios, Camila, esta prometida con uno de los Curiaceos y una hermana de los Curiaceos estaba casada con uno de los Horacios.  David no retrata el momento de la lucha, sino el juramento de los 3 hermanos Horacios ante su padre, pretendiendo así infundir el sentido del deber hacia la patria. Es una cuestión de enorme honor, de dignidad de la ciudad, a costa del sacrificio familiar.  Con esto, David, que es conocido como el pintor de la Revolución, trata un punto político muy típico de esta pintura: los Horacios luchan por su nación, se sacrifican por ella y el pide ese mismo sacrificio por Francia.

CONCLUSIÓN:
David  será el artista de la revolución, en la que realizará cuadros como este con el que la monarquía francesa quería ensalzar la moral pública. Pero tambien querrá glorificar la nueva república con ``La muerte de Marat´´, o conciliar las diferentes posturas revolucionarias con el ``Rapto de las sabinas´´. En definitiva, será la máxima figura de la pintura neoclásica.

jueves, 10 de mayo de 2018

SATURNO DEVORANDO A SU HIJO





La imagen que comentamos corresponde a una pintura del estilo neoclasicista, realizada por Francisco de Goya entre los años 1820 y 1823. La técnica empleada es mixta y el tema del cuadro es mitológico principalmente. Actualmente podemos encontrar este cuadro en el Museo del Prado de Madrid.

Este cuadro es una de las Pinturas Negras más desgarradoras y trágicas realizadas por Goya. Estamos comentando una pintura muy simple, casi confundible con la abstracción en la que destacamos el inmenso expresionismo en la cabeza de Saturno. Un espacio totalmente oscuro que rodea la figura del dios, en la que resalta su deformidad. La escena en general demuestra una fuerte violencia apreciable en el cuerpo mutilado y sangriento de su hijo que está siendo víctima de un acto canibalista. La tenebrosidad de la pintura, los tonos oscuros, el encuadre escogido y el ocre de la piel acentúan el horror del acto. Las Pinturas Negras se pintaron directamente sobre pared seca, no al fresco y en la mezcla se utilizó el óleo. Las 14 obras que conforman estas pinturas negras reciben este nombre por el uso de pigmentos oscuros y negros, además de por su carácter visionario. Goya plasma en esta obra el momento en el que el Dios Cronos/Saturno desgarra el cuerpo de uno de sus hijos con el objetivo de que ni este ni cualquier otro pudiera arrebatarle el trono. La referencia literaria quedó transformada bajo la paleta del artista en una pesadilla visionaria: un monstruo horrible y gigantesco se abalanza sobre unos despojos humanos despedazados y sangrientos. El cuadro no solo alude al dios Saturno como inmutable regidor del tiempo, sino que también está considerado como el patrón de los septuagenaria, como lo era Goya.


La lechera de Burdeos 1828

Se trata de un retrato de una figura femenina, de forma espontánea, constituyendo una pintura de género enmarcada en la tradición de las pinturas de oficios que se realizaban desde mediados del siglo XVII.  No tiene paisaje, el fondo es simple. Es una obra bastante sencilla. 

Es óleo sobre lienzo, en el que aparece la mujer que le llevaba la leche todas las mañanas a su casa y a la que finalmente decide ofrecerle este recuerdo. La composición es sencilla, rectangular/piramidal ya que la mujer aparece sentada (supuestamente sobre una montura), hay una línea curva principal que la forma el cuerpo de esa mujer, que está sentada levemente inclinada. Da sensación de ausencia de movimiento, la mujer está tranquilamente sentada mirando a algún punto. 


La obra representa a una mujer, que como se ha dicho antes, solía llevarle la leche a Goya. Está sentada, con expresión tranquila, con cierta melancolía. Su tez es pálida, iluminada. Va vestida de un especie de vestido-túnica, de color gris-verdoso, el color varía según la iluminación. Encima del vestido tiene una especie de pequeño manto, de color marrón-beis claro. En la cabeza lleva el pelo recogido con un pañuelo de tonalidades blancas, con un tratamiento pictórico similar a la vestimenta. En general, la mujer aparece muy sencilla, sin elementos llamativos, transmite serenidad y poco dinamismo. El fondo es claro, con matices azulados en la esquina superior derecha. A su lado encontramos un cántaro de leche. 

Los tonos grises y verdosos dominan armónicamente conjuntados, la pincelada es corta y aparece la yuxtaposición de toques de color, tal y como bastantes años después harían los impresionistas, de cuyos hallazgos es una clara anticipación. 

La pincelada es suelta y libre, la mancha de color como trazo característico, los colores muy empastados y los tonos grises y verdosos dominan armónicamente conjuntados. Pero hay dos aspectos muy significativos en este cuadro: por una parte la aplicación de color en grandes manchas se realiza de tal manera que los tonos se superponen unos a otros (yuxtaposición de toques de color), de modo que en vez de mezclarse sobre el lienzo se mezclan en nuestra propia retina; y en segundo lugar, que ciertas tonalidades cambian de color o lo intensifican cuando se trata de crear sombras o una mayor luminosidad, tal y como bastantes años después harían los impresionistas

La luz parece artificial, pero no se nota demasiado. Hay solamente un foco que ilumina levemente todo el cuadro, lo que se dice que la luz se reparte de forma uniforme, sin crear contrastes ni claroscuros. Goya busca dar un efecto de sencillez. 

Viendo toda la obra de Goya, se deduce que es un pintor totalmente moderno, que toma todas las influencias de los distintos estilos (Neoclasicismo, Romanticismo e incluso el Barroco) y esta obra en concreto se anticipa en mucho tiempo a un montón de estilos que aparecerán más adelante. Queda claro que Goya se adelanta al Romanticismo, al Expresionismo, al Impresionismo, etc. sentando bases para nuevos movimientos artísticos.



Esta obra está considerada la última obra de Goya, una de las más discutidas del pintor, cuya autoría incluso se dio a una de sus hijas. Muestra una destreza técnica insuperable, colores claros y luminosos, toques breves y quebrados. Es estilo de Goya en esta obra es de enorme soltura y libertad. 

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Las Meninas

La obra que vamos  a comentar recibe el título de "Las Meninas" aunque su primer título fue "La familia de Felipe IV" y se trata de un óleo sobre lienzo realizado en 1656  por el pintor barroco español Diego Velázquez.
ANÁLISIS DE LA OBRA: Nos encontramos ante un retrato grupal en el interior de una estancia decorada con cuadros en las paredes que identificamos como el estudio del pintor en el alcázar real de Madrid.. Aparecen diez figuras situándose casi en su totalidad en la mitad inferior del cuadro creando un gran campo visual correspondiente a la estancia, campo que se amplia mediante el recurso de una puerta que se abre al fondo. El centro de la obra lo ocupa la figura de una niña rubia de unos cinco años de edad que identificamos como la infanta Margarita. A sus lados aparecen dos damas de honor, conocidas por el nombre portugués de meninas que da nombre a la obra en su conjunto. La menina de la izquierda, Agustina Sarmiento, se inclina hacia la infanta para ofrecerle en una bandeja de plata una pequeña jarra con agua. A la derecha se sitúa una segunda menina, Isabel de Velasco. Delante de ellas, en el ángulo inferior derecho aparecen dos personajes que por sus rasgos identificamos como bufones, personajes comunes en las cortes reales y la comitivas de príncipes y reyes, que identificamos como María Bárbola y Nicolás Pertusato quien en una travesura típicamente infantil, coloca el pie encima de un perro mastín tumbado con la intención de molestarlo. Justo detrás de Isabel de Sarmiento encontramos al pintor, Diego Velázquez, quien lleva los elementos propios de su oficio, pinceles y paleta, pues se encuentra realizando su trabajo delante de un enorme lienzo del que sólo vemos su parte trasera. En un plano posterior, entre penumbras distinguimos dos personajes adultos que parecen dialogar. Uno se trata de una mujer que se ha identificado como Marcela Ulloa, señora de honor, mientras que el hombre conn el que parece dialogar no ha sido identificado. Al final de la estancia descendiendo unas escaleras y enmarcado por la puerta aperece José Nieto, aposentador de Palacio. En la pared del fondo un espejo nos ofrece el reflejo de dos personajes que identificamos como los reyes Felipe IV y la reina Mariana de Austria.
Respecto al tratamiento de la luz en la obra, la estancia aparece en semipenumbra iluminada por dos focos de luz, una ventana que estaría situada a la izquierda de los personales en primer plano, de la que vemos el lateral del marco, y la puerta del fondo abierta. Ello permite que se iluminen los personajes en primer plano y el del fondo dejando el espacio intermedio en penumbras.
Por otro lado, respecto a la perspectiva, el pintor domina la perspectiva lineal de manera que la habitación forma un espacio cúico cuyas líneas convergen en un punto de fuga mientras que también el pintor demuestra ser un maestro en el dominio de la perspectiva aérea al captar la atmósfera existente entre los personajes que difumina los contornos de las figuras.
Los colores usados son oscuros, sin estridencias, dominando los grises , plateados, azules oscuros y ocres.
Respecto a la técnica, Velázquez utiliza pinceladas largas y fluidas junto a otras más cortas y precisas que crean toda una serie de efectos táctiles como el pelaje del perro mastín, las maderas o las telas de los vestidos.
COMENTARIO: La obra pertenece al estilo barroco . El Barroco, a pesar de ser uno de los estilos más populares y estudiados por la historiografía del arte, o quizá por ello, es una de las manifestaciones artísticas de más difícil definición. Desde el origen del concepto hasta su concreción en el seno de unas variables históricas, políticas, religiosas y culturales muy distintas según las regiones, hacen muy  problemática su caracterización como estilo artístico y permiten dudar de la posibilidad de conformarlo como un todo unitario. La historiografía artística apenas ha podido situar dónde termina el manierismo renacentista y empieza “lo barroco”, entre otras cosas porque tampoco resulta posible precisar con exactitud qué significa dicha palabra. 
Parece claro que el empleo del concepto “Barroco” fue aplicado en sentido peyorativo por la Ilustración ochocentista, como expresión de la decadencia en la que había entrado el arte renacentista durante el siglo XVII. Desde mediados del XIX, los historiadores del arte han realizado una revisión del mismo y  favorecido la recuperación de sus contenidos, presentándolo como un cambio violento respecto de las formas del Renacimiento, en tanto que movimiento cultural novedoso y coherente que revalorizó los criterios sensoriales y dinámicos frente al equilibrio racional de las manifestaciones precedentes.
En definitiva, no puede definirse el arte barroco como un estilo unitario, sino más bien como un conjunto de tendencias, a veces contrapuestas, al servicio de los nuevos poderes: las monarquías absolutas y la contrarreforma en los estados del sur de Europa; la burguesía mercantil y el protestantismo en los estados del norte.
En nuestro país, el siglo XVII representa la culminación del arte y la pintura española, coincidiendo con el Siglo de Oro de las letras. Curiosamente, se enmarca en un contexto histórico de crisis a nivel político, económico e institucional, a partir del declinar de la monarquía de los Austrias, representada por Felipe III, Felipe IV y Carlos II, y de la pérdida del prestigio internacional del Imperio hispánico. Es también el siglo del desarrollo de la Contrarreforma, acorde con el espíritu nacional, que marcará poderosamente el ambiente creativo del momento.
Durante el siglo XVII aparecen las personalidades más fuertes del arte nacional (Ribera, Zurbarán, Murillo o Velázquez), condicionadas por la limitación que supone la carencia de una pintura mitológica, al no existir otra clientela que la religiosa y la cortesana. La temática, por tanto, es el elemento clave de nuestra pintura, predominando lo devocional, aunque sin despreciar lo profano: bodegones, cuadros de género, fiestas, paisajes, históricos, etc., en ocasiones cargados también de simbolismo moral. Todo ello caracteriza las obras del momento hacia un naturalismo equilibrado, en el que lo imaginativo y lo fantástico apenas tienen cabida, y una sencillez de composición y líneas, y la escasa violencia de las formas en comparación con el resto de Europa.
 En este contexto destaca sobremanera la figura de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, uno de los grandes genios de la pintura universal, quien supera en modernidad y amplitud los límtes del barroco.
Cronológicamente Velázquez se encuentra a caballo entre el realismo de la primera etapa y el barroquismo de la segunda, aunque su carácter de hombre culto, sus viajes a Italia y su condición de pintor de corte le sitúan también en la frontera de un clasicismo muy escaso en nuestro país por la inexistencia de una burguesía intelectual y el hecho de que la aristocracia suela encargar ese tipo de obras en Flandes o Italia. A lo largo de su obra se observa la influencia en un primer momento de Pacheco y Herrera el Viejo, en su composición e iconografía. Y, a través del tiempo, de Miguel Ángel, Durero, El Greco, Tiziano y Ribera, así como de grabados flamencos. Contra lo que se creyó en un principio también él influye sobre un amplio círculo, particularmente sobre la Escuela madrileña: Claudio Coello, y posteriormente sobre Goya y los realistas e impresionistas del s. XIX. Su casi coetáneo Lucas Jordán decía de Las Meninas que era “la teología de la pintura” y mucho después Edouard Manet, padre del impresionismo hablaba de él como “el pintor de pintores”.
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LA VENUS DEL ESPEJO


LA VENUS DEL ESPEJO





 

  La obra que a continuación voy a comentar es un cuadro perteneciente al estilo barroco y realizado por Diego Velázquez mediante la técnica de óleo sobre lienzo, como era normal en la época. Este cuadro se llama “La Venus del espejo”, fue pintado entre el 1657 y el 1651, y actualmente reside en el National Gallery, en Londres.
  
 Nos encontramos ante un cuadro mitológico protagonizado por Venus que, recostada, se observa en un espejo sujeto por Cupido (el dios del amor). La interpretación tradicional de la escena es la del amor (Cupido) que se encuentra encadenado (por unas suaves cintas) a la belleza (Venus). Como ya era tradicional, el tema es una excusa para la creación de un desnudo femenino.
  
 Tanto por el tema como (sobre todo) la técnica y la carga de sensualidad nos acercan al mundo del barroco, en donde se busca convencer a través de los sentidos (de ahí la importancia concedida a las texturas). En cambio, en cuanto a la composición, la escena se crea a través de la suave curva ascendente que crea la Venus (reforzada por paralelas a la misma creadas por las sábanas). Dicha línea culmina en su cabeza que, gracias a la mirada, nos conduce a la zona izquierda en donde el espejo y el Cupido generan ritmos ascendentes sobre el fondo cálido. Por eso esta composición tan sumamente elaborada renuncia a la movilidad, el uso de la pincelada suelta de tal calidad o la aparición del espejo son muy habituales en Velázquez que aquí consigue una de sus más altos logros. Hablando del espacio, este se desarrolla en diagonal (por medio de la mirada de la Venus) gracias a los sucesivos planos en profundidad (cama, Venus, espejo, Cupido, cortinaje), unificándose así todas las zonas importantes del cuadro. Predomina claramente el color sobre la línea gracias a la pincelada suelta. Entre las líneas destacan las curvas suaves que cargan de sensualidad la escena, lo cual es reforzado por los tonos cálidos (carnaciones, rojo del cortinaje...) que destacan sobre otros tonos más neutros de sábanas y fondo amarronado, intentando crear un ambiente sosegado conseguido a través de tonos suaves, sin excesiva saturación. Existe un claro foco de luz procedente de la izquierda que ilumina suavemente la escena. Su carácter es representativo, sin demasiada intensidad, buscando ante todo destacar los volúmenes y remarcar las distintas texturas. Las figuras representadas son proporcionadas y con una clara tendencia a la idealización. Sin excesiva expresividad se busca, ente todo, la sensualidad conseguida por medio de las posturas relajadas y el exquisito tratamiento de las texturas (desde las de las sábanas o el lazo a las alas o las distintas carnaciones). Nos encontramos ya en su fase más madura (pocos años anterior a las Meninas o las Hilanderas) en donde domina por completo todos los recursos técnicos, ya abandonado el tenebrismo de su primera etapa sevillana, así como elaborando una pincelada más suelta y una paleta de tonos más delicados, con especial atención al espacio y a las texturas. La principal "técnica" que Velázquez usa en sus cuadros es el espejo, es su "visión típica barroca" con este elemento arquetípico.

  Al igual que en las Meninas, su inclusión puede cambiar todo el sentido de la obra, generando una serie de interrogantes (¿por qué aparece tan difuminada su cara en él? ¿verdaderamente reflejaría la cara?) que ha generado una serie de hipótesis de los historiadores aún no aclaradas (Incluso parece que la modelo de Venus existió realmente y fue madre de un hijo ilegítimo del propio pintor que la había conocido en Italia).

   
  Por último, el cuadro influirá en obras posteriores, especialmente en Goya y Manet que siguen la línea iniciada por Tiziano.