A ver que podéis hacer con esto...
Se trata de realizar un comentario formal, a ver que tal os sale. Podéis colgarlos como comentario en el blog. Un saludo.
Blog de aula para los alumnos/as de Historia del arte del IES Parque Lineal de Albacete.Curso 2017-18.
Ha llegado a ser evidente que nada en arte es evidente.
T. Adorno.
sábado, 4 de noviembre de 2017
lunes, 23 de octubre de 2017
Orden arquitectónico.
Es el conjunto de elementos constructivos que regularizan
las edificaciones clásicas conforme a su proporción y armonía. En la antigua Grecia constituían un signo de identidad que permitía reconocer un tipo de edificio aún estando en territorios muy alejados. Los dos más empleados
fueron el dórico y el jónico, y desde de la época clásica un
tercero: el orden corintio. En Roma se añadieron también el toscano y el orden compuesto que son derivaciones de los anteriores.
El orden dórico es el más antiguo
de todos y debe su nombre a que la tradición lo consideraba una creación de los
dorios, pueblo severo y disciplinado, habitantes del Peloponeso y la Magna
Grecia. Se caracteriza por su robustez y se identifica frecuentemente con lo masculino. Su columna carece de basa y posee un fuste estriado y un capitel
formado por ábaco y equino. El entablamento tiene un arquitrabe liso y un friso con metopas y triglifos cubierto por cornisa.
El orden jónico nació y fue
característico de las islas y costas de Jonia (Asia Menor), donde alcanzó su
mayor monumentalidad y difusión. Se trata de un orden de inspiración naturalista
con el que intentaba plasmar la suavidad y belleza del cuerpo femenino. Sus
columnas tienen basa, un fuste acanalado y un capitel formado por volutas enfrentadas. El entablamento está formado por un arquitrabe con tres fajas o platabandas, friso corrido y una cornisa de grandes dimensiones.
El orden corintio –el último en
aparecer- es en realidad una variante ornamental del anterior, del que sólo se
distingue por sus dimensiones más esbeltas y por la utilización de un capitel
conformado por dos filas de hojas de acanto superpuestas y unas volutas angulares llamadas caulículos.
lunes, 16 de octubre de 2017
Unidad 2. EL ARTE CLÁSICO: GRECIA.
2.3. LA ACROPOLIS DE ATENAS.
Sin embargo, el clasicismo en la arquitectura debe asociarse
a la figura de Pericles y a las obras para el embellecimiento de la zona más
noble de la ciudad de Atenas: LA ACRÓPOLIS.
Gracias al prestigio político obtenido con la victoria sobre
los persas (confirmada por la paz de Calias de 449 aC.) y al control económico
del tesoro y los tributos de sus aliados, Pericles desarrolla un programa de
reconstrucción de la Acrópolis –arrasada durante la guerra- llamado a
convertirse en el modelo de la nueva Grecia y en la culminación de la serenidad
y emoción contenidas como reflejo de la plenitud interior que es el clasicismo.
Para el embellecimiento de la Acrópolis, Pericles contó con el talento del
escultor Fidias, al que nombró inspector de todas las obras y con la
colaboración de los mejores arquitectos de la época: Ictino, Calícrates y
Mnésicles.
Los dos primeros fueron los autores de la construcción más
emblemática de la cultura griega: El Partenón, entre el 447 y el 438 aC.,
dedicado a la diosa Atenea Parthenos (Atenea virgen), como símbolo inequívoco
del prestigio ateniense. Es un templo dórico octástilo y períptero. Tanto en su
estructura como en sus detalles ornamentales se aprecian influjos de las
corrientes jónicas (Atenas había sido habitada por los jonios, algo de lo cual
los atenienses se sentían orgullosos por diferenciarlos de las demás polis del
continente), así como una constante preocupación por los efectos ópticos y de
perspectiva que se plasmaron en la curvatura de los elementos horizontales, la
inclinación de los verticales y el aumento del volumen de las columnas
exteriores, innovaciones técnicas que confieren al conjunto una sorprendente
impresión de armonía y plasticidad. Su cella, cuya altura alcanzó los 19m,
estaba dividida en forma de U por una fila continua de dobles columnas dóricas
superpuestas que creaban el escenario propicio para el depósito de la colosal
imagen criselefantina de la diosa Atenea, una de las obras más famosas de
Fidias y de toda la Antigüedad. Tras ésta, y sin comunicación interior se
situaba el opistódomos, la cámara de las doncellas (estancia que originalmente
recibió la denominación de partenón), con cuatro columnas jónicas en su interior y destinado a albergar los exvotos
del templo y el tesoro de las polis aliadas. El Partenón representa la
culminación de la arquitectura griega: la simetría, el ritmo, las dimensiones
humanas y la proporción (en todo el edificio con un ritmo 4:9 de evocación
aúrea), están aquí llevados a su máxima perfección.
Un año después de la conclusión del Partenón se inicia la
construcción de los Propileos (437-433 aC.), la entrada monumental de la
Acrópolis, concebida por Mnesikles con la magnificencia que merecía tan noble
recinto y siguiendo esquemas micénicos.
Poco más tarde y después de superar una serie de problemas
relacionados con la terminación de las obras de los Propileos y el estallido de
la Guerra del Peloponeso, se construye el pequeño templo jónico de Atenea Niké
(Atenea victoriosa), conocido también como el templo de la Niké Aptera
(Victoria sin alas), para significar que el genio caprichoso de la victoria
nunca abandonaría la polis ateniense. Se retomaba así –con una clara
intencionalidad política- un viejo proyecto de Calícrates que fue abandonado
por la construcción del Partenón. Para reafirmar su significación fue
inaugurado en el 421aC., coincidiendo con la paz de Nicias y ocho años después
de la muerte de Pericles.
También en el 421 aC. comienza la construcción del último
gran templo de la Acrópolis: el Erecteión (421-406 aC.), atribuido a Mnésikles
por lo delicado de su estilo. Es, sin duda, el más complejo, por tener que
salvar importantes desniveles que no podían ser modificados debido al
simbolismo religioso del terreno y porque debía servir para venerar a las
divinidades y héroes que tenían algo que ver con Atenas a modo de panteón:
Atenea, Poseidón, Erecteo, Cecrops, etc. Además, se construyó en orden jónico
para rivalizar con el próximo Partenón.
El edificio se concebía como un templo tradicional de planta rectangular y orientado
de Este a Oeste, aunque con tres pórticos, cada uno situado a distinto nivel,
por exigencias del terreno y por respeto a los puntos que eran motivo de
veneración. El inferior, al norte, es un pórtico tetrástilo que conduce al
santuario de Poseidón-Erecteo, donde el dios había golpeado la roca con su
tridente y donde tenían lugar ancestrales cultos a la tierra. La parte
oriental, sensiblemente más elevada, presentaba un pórtico hexástilo y se
dedicaba a la Atenea polías (Atenea ciudadana). Hacia el
sur, frente al Partenón, se elevaba un tercer pórtico, en realidad una
tribuna-balconada sustentada por seis cariátides
(estatuas-columna femeninas) atribuidas al escultor Alcamenes, discípulo de
Fidias. Frente a la elegante sencillez del Partenón, el Erecteión aporta
una mayor riqueza y variedad decorativa que anticipa la arquitectura del s. IV
aC.
La elección del orden jónico en los dos últimos –que Fidias
había reducido a detalles decorativos en el Partenón- debe entenderse como una
reafirmación de lo ateniense en la lucha por la preeminencia de la Hélade.
Unidad 2. EL ARTE GRIEGO: GRECIA.
2.2. CARACTERÍSTICAS
GENERALES DE LA ARQUITECTURA GRIEGA.
Es
adintelada, sencilla, armónica y de dimensiones humanas. Emplea la piedra en
los edificios nobles y el mampuesto, el adobe y la madera para los edificios
familiares. En general, las formas arquitectónicas quedan definidas en la época
arcaica, siendo perfeccionadas durante el periodo clásico y se diversifican en
el helenismo. El origen de la arquitectura monumental hay que buscarlo en el
plano de la religión y dentro de ella en el templo.
3.2.1.
El templo.
Se
concibe como lugar destinado a la escultura del dios, alzado sobre un solar
sagrado: el témenos. Su ubicación se asoció siempre a lugares de
especial significación natural. Los
primeros templos fueron realizados en madera, con un precedente remoto en el mégaron
micénico. A lo largo del siglo VII aC. se fue introduciendo la piedra en su
construcción, primero en el interior y más tarde en el orden de columnas. Al
mismo tiempo la cella fue
compartimentándose en diferentes estancias hasta llegar a la solución canónica:
pronaos (vestíbulo), naos o cella (templo propiamente dicho) y opistódomos (sala destinada al tesoro y depósito de exvotos).
El
templo se convirtió desde antiguo en la imagen arquitectónica de lo griego. La
arquitectura templaria debía responder, por ello, a unos esquemas de
construcción homogéneos que reprodujeran la misma tipología de edificios en
lugares muy distantes. Por eso, surgen y se consolidan los órdenes
arquitectónicos, conjunto de elementos constructivos que regularizan las
edificaciones conforme a su proporción y armonía. Los dos más empleados fueron
el dórico y el jónico, y desde de la época clásica un tercero: el orden corintio.
El orden dórico es el más antiguo
de todos y debe su nombre a que la tradición lo consideraba una creación de los
dorios, pueblo severo y disciplinado, habitantes del Peloponeso y la Magna
Grecia. Se caracteriza por su robustez; carece de basa y posee un capitel
formado por ábaco y equino.
El orden jónico nació y fue
característico de las islas y costas de Jonia (Asia Menor), donde alcanzó su
mayor monumentalidad y difusión. Se trata de un orden de inspiración naturalista
con el que intentaba plasmar la suavidad y belleza del cuerpo femenino. Sus
columnas tienen basa y un capitel formado por volutas enfrentadas.
El orden corintio –el último en
aparecer- es en realidad una variante ornamental del anterior, del que sólo se
distingue por sus dimensiones más esbeltas y por la utilización de un capitel
conformado por dos filas de hojas de acanto superpuestas.
3.2.2.
Evolución de la arquitectura y el urbanismo.
A) La época arcaica.
Siguiendo
la tradición micénica, las primeras polis griegas se concibieron como
ciudades-estado independientes asentadas en acrópolis. La consolidación del
sistema de polis durante el s. VII aC. permitió el desarrollo de un tejido
urbano perimetral que paulatinamente fue dotándose de diversos servicios y
reduciendo la acrópolis a un simple recinto sagrado. El trazado urbano fue
centralizándose en el ágora,
convertida en lugar de actividad política y social. En su entorno se levantaban
los principales edificios públicos: el Pritaneo
(sala de gobierno de la ciudad), el Bouleuterion
(sala de reunión del Consejo), etc. Con el tiempo proliferaron también las palestras (recinto para practicar la
lucha) y ya en época clásica los teatros.
El templo se levantaba frecuentemente en la acrópolis. Hacia el año 600 aC. el
dórico estaba ya perfilado en el Peloponeso y se extendía por el continente
griego. De esta época es el templo de Hera
en Olimpia. A mediados del siglo VI, la Grecia oriental y las islas egeas
conocen la expansión del orden jónico en templos colosales como el Artemisión de Éfeso.
B)
La época clásica.
La
arquitectura de este periodo estuvo condicionada por los acontecimientos
históricos que la precedieron: Las
Guerras Médicas. Este hecho se traduce en la planificación de las nuevas
ciudades conforme a un trazado reticular debido a Hipódamos de Mileto. Las calles se cortan en ángulo recto
favoreciendo la salubridad y las comunicaciones con el ágora y los principales
edificios que se sitúan en un lugar preferente centralizado. En lo
arquitectónico asistimos a un primer periodo de austera grandiosidad, ejemplificada
por el orden dórico canónico y solemne del templo de Zeus en Olimpia. Sin
embargo, el clasicismo en la arquitectura debe asociarse a la figura de
Pericles y a las obras para el embellecimiento de la acrópolis de Atenas.
Durante
el siglo IV aC. la arquitectura griega pierde el equilibrio clasicista, como
consecuencia de la crisis ideológica que había supuesto la Guerra del
Peloponeso. Aparecen nuevos modelos de
templos, como los Tholos –templos
circulares- de Marmaria en Delfos, Olimpia y Epidauro. De esta época son también
los grandes teatros, como el de Epidauro.
Los
teatros construidos resultaron de la
evolución de los espacios naturales (vaguadas, laderas de pequeños montes, etc.)
aprovechados inicialmente para la celebración de las fiestas en honor a
Dionisos. Se organizaban en torno a un espacio circular central, la orchestra, lugar donde bailaba y cantaba
el coro, y alrededor del cual -formando
una herradura- se disponía el theatron
(“desde donde se mira”) o cavea,
graderío destinado al público. En el lado opuesto se situaba la escena, que ejercía las funciones de
vestuario y almacén. Con el tiempo, las representaciones se trasladaron a la
escena, adquiriendo protagonismo el proscenio,
una plataforma elevada que ponía en relación la orchestra y la escena. Al estar
siempre construidos en las laderas, el acceso se realizaba a través de sendas
puertas laterales denominadas parodos,
situadas entre la cavea y la escena.
Finalmente,
surgieron también a fines del siglo los primeros monumentos funerarios de
importancia como el sepulcro de Carias Mausolo en Halicarnaso, que utilizando
los órdenes como recurso decorativo anuncia la proximidad del dinamismo
helenístico.
C)
La época
helenística.
El
Imperio de Alejandro supuso la aparición de un Estado de dimensiones colosales
del que surgirán, tras su muerte, un sinnúmero de reinos helenísticos. Los
nuevos soberanos desarrollarán programas constructivos de carácter áulico. La
racionalidad y el equilibrio dejan paso a la monumentalidad y el asombro. El
plano hipodámico se extiende por las nuevas ciudades, que se engrandecen con
edificios públicos: stoas, palacios,
bibliotecas, faros, etc. Los templos pierden su mesura y proporción humana,
como demuestra el Olimpeion en Atenas
o adquieren formas inusuales, como en el caso del Altar de Zeus en Pérgamo, donde
se transgreden los órdenes a favor de los efectos de teatralidad. Tras la
invasión de Roma a mediados del s. II aC., la arquitectura helenística se funde
con la romana.
Unidad 2. EL ARTE CLÁSICO: GRECIA.
2.1. GRECIA, CREADORA DEL LENGUAJE CLÁSICO.
El arte griego es la expresión estética de
una civilización que rompe con las formas tradicionales del pensamiento mítico,
iniciando el camino hacia la racionalidad que solemos considerar como el
soporte de nuestra propia civilización. Desde esa racionalidad, la belleza deja
de ser algo abstracto y se concibe como un sistema de medidas y proporciones en
el cual el hombre se convierte en referente principal.
A pesar de ello, el arte griego no es
totalmente original: Egipto, Mesopotamia y las civilizaciones prehelénicas (cretense
y micénica) le prestaron buena parte de sus viejas fórmulas plásticas; la
innovación del artista griego residió en reinterpretarlas desde la reflexión,
el antropomorfismo y su marco social: la polis, los sistemas de gobierno de
éstas y una religión menos dogmática y más libre.
2.1.1. Algunos rasgos del arte griego.
Como hemos dicho, el arte griego, en mayor medida que las manifestaciones artísticas
anteriores, está directamente vinculado a su sociedad. Por eso, va más allá de
los aspectos puramente religiosos, funerarios o palaciegos, siendo expresión de
una realidad plural –ideológica y formal- muy compleja. Sus aspectos más
característicos son:
a) La dualidad entre
el Pathos (caos) y el Ethos (orden). El primero representado
por las divinidades míticas y el segundo por el hombre que es capaz de
racionalizar sus actuaciones (logos).
La tendencia debe ser superar el caos para conseguir el orden.
b) El orden se
entiende como base del ideal de belleza espiritual: “la medida y la proporción
realizan en todas partes la belleza y la virtud” (PLATÓN. Fitebo). Y se concreta en los siguientes conceptos: symmetria, rhythmos
(proporción), armonía y equilibrio.
c) Estos conceptos deben
ser aplicados por la lógica humana. El hombre se convierte en la medida de
todas las cosas (antropocentrismo). La lógica impone que todas las formas sean
analizadas a partir de sus componentes siguiendo un criterio matemático
(pitagorismo).
d) Con ello se
consigue representar lo específico a la luz de lo genérico, es decir, buscar
las formas esenciales, prescindiendo de
los errores que comporta la naturaleza. A pesar de ello se es consciente de la
imposibilidad de conseguirlo en su totalidad debido al carácter técnico de los
oficios artísticos.
2.1.2. Evolución histórica del arte griego.
2.1.2. Evolución histórica del arte griego.
Se desarrolla a lo largo del primer milenio aC. y hasta la
romanización de Grecia, coincidiendo con la consolidación, esplendor y
decadencia de la civilización griega. Se pueden distinguir tres periodos
evolutivos que coinciden con otras tantas etapas históricas:
a) La Época Arcaica. En sentido amplio abarca desde el final
de las culturas del Bronce en Micenas (s. XII aC) hasta las invasiones persas
(inicios del s. V aC). Se sistematiza el conocimiento técnico de los materiales,
asimilando ideas y métodos procedentes del exterior. Se distinguen dos
momentos: Geométrico (Oscuro) y Arcaico.
b) La Época Clásica. Se desarrolla desde la derrota persa
hasta la muerte de Alejandro Magno (ss. V-IV aC. aprox). Se pasa del interés
por hacer al interés por ser, culminándose el proceso creativo de la
civilización griega: la conceptualización de la belleza.
c)
La Época Helenística. Desde la muerte de
Alejandro hasta la romanización (ss. III y II aC. aprox). Se trata de un
periodo de eclecticismo y experimentación hacia un mayor realismo, basado en el
mecenazgo privado.
Comentario: LA PIRÁMIDE DE ZOSER.
La imagen que voy a comentar es una arquitectura
arquitrabada, casi maciza, realizada en piedra y de carácter funerario característica
de la civilización del antiguo Egipto que se desarrolla durante los tres
primeros milenios antes de Cristo.
Se trata de un enterramiento en forma de pirámide
escalonada, a partir de la superposición de mastabas (sepulturas
troncopiramidales). Está realizada en mampostería y sillería de arenisca y posteriormente
revestida por caliza blanca de Tura, hoy prácticamente perdida, que le
otorgaría una dimensión sagrada: la petrificación de un rayo del dios sol. Presenta un carácter macizo a excepción del
pequeño serdab lateral para el depósito de la escultura del Ka del faraón,
mientras que la cámara sepulcral destinada al enterramiento de faraónico se excava
por debajo de la fábrica.
Responde, como vemos, a una doble idea de monumentalidad y
perdurabilidad asociada al prestigio político y religioso del faraón.
Simbólicamente la forma piramidal adquiere en Egipto una significación
protectora identificada con la divinidad solar Ra, que reflejaría el carácter
de divinidad viviente del sepultado. En este caso, además, los distintos escalones
evocarían la jerarquización del mundo egipcio, sin la cual hubiese sido
imposible la ejecución de estos monumentos.
Tradicionalmente se pensó que este tipo de construcciones
estarían fundamentadas en una sociedad esclavista. En la actualidad se asocian
a una doble premisa característica de la civilización egipcia: su profundo
sentido religioso y una organización social capaz de hacer trabajar a grupos de
varios miles de campesinos durante los periodos no agrarios.
Los orígenes del enterramiento piramidal se remontan a los
inicios del Imperio Antiguo, coincidiendo con un periodo de prosperidad
política asociado a la unificación del Bajo y del Alto Egipto durante la III
dinastía. Sus primeros ejemplos son escalonados –como el presente- o acodados,
hasta alcanzar su forma clásica en la Pirámide Roja del faraón Snefru en
Daschur y proporciones áureas en la Gran Pirámide de Keops de la necrópolis de
Gizeh durante la IV dinastía. La pérdida de prestigio político, poder económico
y la aparición de nuevos ritos religiosos con la dinastía V suponen la
reducción de las dimensiones y el empobrecimiento de estas construcciones, que
continúan realizándose en el Imperio Medio (Sesostris I o Amenhemet III). Sin
embargo el expolio al que fueron sometidas en época dará paso a otro tipo de
enterramientos excavados sobre la roca: los hipogeos. Durante el primer milenio
la cultura sudanesa de Meroe retomará este tipo de enterramientos e, incluso,
los propios romanos la utilizarán para sus sepulturas en ocasiones puntuales
tras la conversión de Egipto en provincia del Imperio (Pirámide de Cayo
Cestio en Roma).
La pirámide propuesta es concretamente la del faraón Zoser
de la dinastía III, la primera de las
construidas. Se halla en el complejo funerario de Sakkará, fue diseñada por
Imhotep hacia el año –2650 a.C y alcanzaría los 65m de altura. La imagen
muestra además algunos de los templos asociados al patio del Heb sed, donde se
repetiría la doble coronación del faraón fallecido, durante los rituales
osiríacos.
martes, 10 de octubre de 2017
Comentario: BISONTE RECOSTADO DE ALTAMIRA
Imagen pictórica característica
del arte parietal del Paleolítico Superior, que se desarrolla principalmente en
el occidente europeo.
Se trata de una representación
animalística caracterizada por su realismo visual, como se observa del
mimetismo con que el autor trabaja la figura del bisonte recostado, que denota
además un gran conocimiento del animal y de su comportamiento. Es una figura de
gran formato, aislada (aunque forme grupos) o yuxtapuesta, dibujada mediante una
gran brocha de cerdas o crin con un trazo exterior negro y retocado en su
interior con colores rojos, ocres o violáceos, a base de pigmentos minerales
(negro manganeso, carbón y óxidos de hierro) y aglutinantes de grasa animal o
vegetal. La policromía y la adecuación del perfilado al relieve del soporte
contribuyen a dinamizar y dar volumen a la imagen, reforzando su aproximación
al natural.
Su significación ha sido objeto
de numerosas interpretaciones a lo largo del tiempo. Los primeros ejemplos
hallados en el siglo XIX se relacionaron con el descubrimiento del placer
estético: “el arte por el arte”. A lo largo del siglo XX se han ampliado dichas interpretaciones desde
la “magia simpática” propiciatoria de la caza, hasta la representación de los géneros:
femenino-masculino, que aludiría a la
continuidad tribal. Más recientemente algunos autores han aludido al carácter
individualizado de estas pinturas que serían símbolos rituales o metafísicos de
difícil interpretación.
La mayor parte de estos
yacimientos, y sin duda los principales: Lascaux y Altamira, han sido encontrados en Aquitania (sur de
Francia) y en el norte de España, por lo que tradicionalmente se relacionaron
con una Escuela Franco-cantábrica. En la actualidad, la aparición de ejemplos
en zonas alejadas de las comentadas (Andalucía, la Meseta) han desechado esta
hipótesis, aunque se hay mantenido su denominación.
La imagen representada es concretamente
el bisonte recostado de la gruta de Altamira (Cantabria), descubierta a finales
del siglo XIX por Marcelino Sanz de Sautuola. Se adcribe al periodo
magdaleniense hacia el año –15.500
(datación aproximada obtenida con método C14 sobre materiales asociados).
martes, 3 de octubre de 2017
Unidad 1. LAS PRIMERAS MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS. ARTE PREHISTÓRICO Y DE LAS PRIMERAS CIVILIZACIONES.
El arte es un hecho consustancial
al hombre y su origen se remonta a la propia existencia de éste, al menos en
los estadios considerados “sapiens”, es decir, con capacidad para construir
pensamientos complejos, que van más allá del simple principio de causalidad.
Esta circunstancia se remonta a más de 35.000 años en el pasado y da idea de la
complejidad de un fenómeno que ha caracterizado a las distintas culturas y
civilizaciones que se han sucedido desde entonces.
La gestación del hecho artístico
tiene lugar en el transcurrir de la evolución de las comunidades humanas, desde
las más simples –las cazadoras y recolectoras del Paleolítico- hasta aquellas más complejas, cuyas
estructuras nos permiten hablar ya en términos de verdaderas civilizaciones
(Egipto y Mesopotamia). Se trata de un largo periodo de más de treinta mil años
en el que se articulan los rasgos esenciales del arte: la técnica, el material
y la idea, hasta conformar unos principios generales que habrán de
desarrollarse a lo largo de la historia de los hombres.
1.1. ARTE
PREHISTÓRICO.
El arte paleolítico.
El arte de la Prehistoria es,
curiosamente, el más desconocido y sujeto a revisión que existe, debido a la
relativa modernidad de las ciencias y procedimientos que se dedican a su
estudio. De hecho hay quien duda, incluso,
que pueda ser considerado como obra de arte objetos sobre cuyo
significado desconocemos prácticamente todo. Sea como fuere, el arte
prehistórico se desarrolla muy tardíamente, coincidiendo con el establecimiento
definitivo del Sapiens Sapiens en el Paleolítico Superior (-35.000aprox.) y la
recesión del glaciarismo, aunque quizá hubieran podido existir algunas
manifestaciones anteriores –relacionadas con los neandertales- que
desconocemos. Por vez primera aparecen manifestaciones escultóricas y
pictóricas que representan modelos figurativos del natural, preferentemente
animales y muy raramente figuras humanas con un sentido ritual. Sobre su origen
y sentido existen diversas hipótesis. Así, la tradición decimonónica
consideraba estos objetos surgidos para el simple goce estético de los
individuos paleolíticos: “el arte por el arte”. A principios del siglo XX, se
aporta un sentido más científico, hablando de una cierta empatía del arte que
sería favorecedor del hombre que lo
ejecuta: “magia simpática”. Desde los años 50/60 aparecen teorías que se
inclinan por un significado sexual-social favorecedor de la pervivencia de la
tribu. Actualmente su sentido sigue siendo motivo de debate entre los
investigadores. El arte del Paleolítico Superior es un fenómeno casi
exclusivamente europeo y presenta un doble carácter en función del soporte
sobre el que se trabaja: mobiliar, para todos aquellos objetos (esculturas de
bulto redondo) de pequeño formato concebidos para ser transportados, y
parietal, para aquellos otros (pinturas y relieves, generalmente) que se
trabajan sobres las paredes de las cavernas y tienen, por tanto, un carácter
inmueble.
El arte
mobiliar.
Está constituido por pequeños
objetos realizados en piedra, hueso o marfil, elaborados con una hoja de sílex
o un buril, que eran transportados por la tribu en sus desplazamientos
constantes en busca de caza y recolección. El capítulo más notable del arte
mueble es el que corresponde a las denominadas venus paleolíticas (pequeñas
figuras femeninas desnudas, de contornos muy voluminosos y caracteres sexuales
muy acentuados) llamadas así por creerse ídolos favorecedores de la fertilidad,
con una antigüedad entre -25,000 y -18.000 años.
El arte
parietal.
Denominado también arte rupestre, comprende las pinturas y
relieves con los que el hombre paleolítico decoró las paredes de las cavernas
que habitó. Su área de difusión es preferentemente la Europa atlántica, aunque
hay también vestigios en la zona mediterránea y central. Las representaciones
aparecen frecuentemente en el interior de grandes grutas, en salas alejadas de
la entrada o lugares de habitación que se han identificado como una especie de
santuario, cuyo significado nos es desconocido.
Las primeras manifestaciones de
la pintura paleolítica son signos de forma muy variada: puntos, bastoncillos,
etc. Se conocen con el nombre de pintura táctil o figuras tectiformes. Dentro de este grupo pictórico podemos
incluir también las huellas de manos, realizadas por impresión (manos
positivas) o silueteadas (manos negativas), que quizás podrían ser códigos para
transmisión de mensajes. Sin embargo, el foco de atención prioritaria de la
pintura rupestre es el mundo animal, base de la subsistencia y de la economía
cazadora-recolectora de este periodo. Las representaciones más frecuentes son
las de caballos y bisontes; en menor medida aparecen ciervos, renos, cabras o
jabalíes; y muy excepcionales son los mamuts, felinos, osos o peces. Todos
ellos están tratados con un gran realismo y exactitud anatómica, fruto de
la observación directa y del contacto con los animales en labores de
desollado o despiece. Con carácter general son figuras aisladas, aunque
aparezcan formando grupos e incluso, en ocasiones, se yuxtaponen unas sobre
otras.
La
pintura levantina.
Durante
el Mesolítico y el Neolítico, la mejora de las condiciones climáticas permitirá
un cambio de actitudes y comportamientos del hombre prehistórico que se observa
en sus utensilios (más perfeccionados y abundantes) y en su alimentación (mucho
más diversificada).
La expresión artística más
importante del momento es la denominada Escuela levantina de pintura, que
engloba una serie de manifestaciones pictóricas rupestres de características
más o menos homogéneas en la franja mediterránea, desde el sur de Francia hasta
el norte de África. Las pinturas levantinas se encuentran en abrigos de poca
profundidad y en farallones al aire libre. Son monocromas (rojas, negras y
raramente blancas) y por primera vez aparece la figura humana plenamente
definida y formando escenas narrativas: de caza, de recolección, rituales o
cotidianas. Los animales que acompañan estas escenas son de tamaño más pequeño
que los del Paleolítico y pertenecen a especies más conocidas: ciervos, toros,
caballos o cabras. Los trazos pictóricos son fluidos y dinámicos,
esencializando las formas figurativas. Los conjuntos más notables de esta pintura
son los de Cogull (Lérida), los del barranco de la Valltorta (Castellón), los de la cueva de la Araña (Valencia), y los de
Nerpio, Minateda y Alpera en Albacete. Su antigüedad oscilaría entre -6.000
años y bien entrada la edad de los metales, -3.000 años.
El megalitismo.
Durante el periodo Neolítico y la
Edad de los metales, la sedentarización de los hombres implicará también la
aparición de las primeras arquitecturas, primero de madera y barro y
posteriormente de grandes piedras (megalitos) y en relación con la aparición de
los primeros cultos animistas (poderes de la naturaleza) Existe una gran
variedad tipológica de estos monumentos, cuyo origen y significación no está en
todos los casos resuelto:
El megalito más simple, el
menhir, es un monolito de piedra de gran tamaño clavado en la tierra en sentido
vertical. La agrupación de varios menhires se denomina alineamiento. Se
interpreta como una especie de estela funeraria o quizás como hitos o lindes territoriales.
Los trilitos son monumentos conformados
por dos piedras verticales sobre la que monta otra horizontal. Suelen
complementar estructuras más complejas como el cromlech (menhires o trilitos
dispuestos en círculo o elipse), tal vez santuarios astrales relacionados con
un culto funerario, o incluso observatorios astronómicos para la medición del
tiempo y las estaciones. De forma más pragmática se han interpretado también
como grandes centros de relación económica o social de las culturas
megalíticas.
Pero el monumento megalítico por excelencia
es indudablemente el dolmen (literalmente “mesa de piedra”). Se compone de
varias piedras informes dispuestas en vertical sobre las que descansa otra de
mayores dimensiones situada horizontalmente. En el caso del dolmen no existe la
menor duda de que fueron construcciones destinadas a enterramientos colectivos
y de inhumación, aunque hayan sido muy pocos los que llegasen hasta nosotros
sin expoliar. Su origen se remonta, como
toda la arquitectura megalítica, al periodo de transición Neolítico-Calcolítico
(Cobre), aunque evoluciona durante la
Edad de los Metales hacia formas cada vez más complejas como
las galerías cubiertas o los dólmenes de corredor (con pasillo de acceso).
1.2. EL ARTE DE
LAS PRIMERAS CIVILIZACIONES.
Hacia el año –3000 tiene lugar el
descubrimiento de la escritura en zonas geográficas como Egipto, Mesopotamia,
India y China; todas ellas caracterizadas por la presencia de grandes ríos que
favorecieron el desarrollo de una agricultura de regadío, cada vez más compleja
y que implicaba mayores exigencias de índole social y administrativa. Debido a
estas nuevas exigencias, surgen la monarquía, el orden funcionarial y las
castas sacerdotales; la diversificación del trabajo, la tecnificación y el
comercio; el estado, las primeras leyes y los ejércitos; las ciudades y la
jerarquización de la sociedad. En definitiva, se definen las características de lo que hoy conocemos
con el nombre de civilización.
-
El arte egipcio.
El arte egipcio es deudor de las concepciones religiosas y
sociales de la civilización del País del Nilo. La creencia en la vida de
ultratumba se traduce en la aparición de un arte realizado para perdurar; la rígida estructura unificadora y
centralista, inspirada en un Estado omnipotente regido por un rey-dios: el
faraón, conlleva el desarrollo de un arte monumental que tiene por objeto
mostrar la magnificencia del poder. A estos dos factores se une otro tercero,
el geográfico, que condiciona un arte que busca su integración armónica con el
paisaje y es base de homogeneidad estilística debida a su tradicional
aislamiento.
La arquitectura es el arte por excelencia del Egipto faraónico, no
en balde expresa mejor que ningún otro el poder del faraón y del Estado, y
simboliza de manera precisa la importancia social de la religión egipcia.
Por eso, la arquitectura faraónica es de dimensiones colosales y
destinada a perdurar en el tiempo. Para conseguirlo se utiliza la piedra como
material constructivo más importante, extraída de los acantilados próximos al
Nilo. La existencia de piedra en abundancia condiciona la realización de una
arquitectura adintelada, de líneas rectas, donde la columna se convierte en el elemento más destacado de
edificio, en un intento por aproximar las construcciones a la naturaleza.
Resulta difícil entender cómo pudieron erigirse semejantes obras
sin el conocimiento de la rueda o de los útiles de hierro. Los egipcios
utilizaron rampas, trineos, rodillos, palancas, cuerdas y al asno como animal
de carga; pero, sobre todo, utilizaron unos conocimientos matemáticos
excepcionales y una organización del trabajo autoritaria, disciplinada, pero no
servil, que convertía el esfuerzo de los hombres en magníficos monumentos a
mayor gloria de su faraón, de su religión, de su estado, y, por ende, de ellos
mismos.
Ese doble carácter faraónico-religioso del que hablábamos se
traduce en que los modelos arquitectónicos más representativos sean las tumbas
y los templos.
Las primeras responden a varias tipologías, entre las cuales la
más significativa es la pirámide,
emblema del poder del Estado y de la jerarquía social que tiene como cúspide al
faraón. Los templos evolucionan a través de distintas formas a lo largo del
tiempo, pudiendo identificarse unos edificios consagrados a las divinidades egipcias
y otros, de tipo funerario, vinculados a la vida de ultratumba del faraón.
La escultura y, en general, todas las artes plásticas
presentan en Egipto una variedad de formas a veces contrapuestas. Así, existe
una escultura solemne y cortesana, destinada a la supervivencia del ka, frente
a otra cotidiana, realizada para reproducir la vida terrenal; se emplean en
aquella materiales nobles y perdurables, frente a otros perecederos en esta; se
observa una tendencia hacia el realismo conceptual y estereotipado en las
primeras, frente a un mayor naturalismo en las segundas.
A pesar de ello existe en todas un evidente continuismo a lo largo
de tres mil años, apenas alterado por periodos muy concretos, que se refleja en
una serie de leyes escultóricas, que son más bien tópicos de representación (no
existe el concepto de belleza tal y como lo entendemos en la actualidad, sino
de obra bien hecha):
-La ley de la frontalidad.
Según la cual las esculturas se representan de frente o para hacerlas más
reconocibles.
- El principio de jerarquía.
Los personajes se representan a mayor o menor escala según su importancia.
Finalmente, la pintura adquirió un gran
desarrollo en Egipto, compartiendo con el relieve funciones decorativas y
ornamentales. Suelen complementar las arquitecturas funerarias, con
representaciones religiosas extraídas de la literatura mortuoria, pero también
con temas cotidianos de gran naturalismo: escenas agrícolas, de caza, de danza,
paisajes, etc. Así, puede decirse que si la arquitectura fue la creación del
espacio simbólico en el que el egipcio podía seguir viviendo eternamente, la
pintura sirvió para recrear de modo expreso las actividades a las que el
difunto dedicaría su nueva existencia.
Al igual que el resto de las artes plásticas está cargada de
convencionalismos y estereotipos: ley de frontalidad, principio de
jerarquía..., que se traducen en un arte rígido, con muy pocos cambios a lo
largo de su historia.
-
El arte mesopotámico.
Se inserta como ningún otro en las características geográficas del
territorio. El país entre los ríos Tigris y Éufrates es una llanura aluvial de
gran riqueza que pronto conoció el desarrollo de importantes culturas desde el
Neolítico que generaron el bullir de las primeras ciudades del mundo en tiempos
muy remotos. Las posibilidades económicas de la zona y su carácter de encrucijada
en el Próximo Oriente provocaron que se sucedieran a lo largo del tiempo las
invasiones y colonizaciones de diferentes pueblos que dieron como resultado una
cultura tan heterogénea como compleja. Además, la religión animista, más
cercana al pueblo que los complicados dioses egipcios, contribuyó a la creación
de un poso cultural mucho más pragmático y cercano a la realidad, en cuanto que
los dioses podían garantizar la benignidad o no de las cosechas, pero en ningún
caso la vida de ultratumba de los individuos. Por eso, el arte se convirtió
–por encima de los valores plásticos que nosotros le conferimos- en el medio
empleado para transmitir ideas de poder y autoridad, para consolidar normas de
convivencia o para subrayar roles sociales.
La arquitectura se
encuentra condicionada por el marco geográfico en que se desarrolla en cuanto que afecta a los propios materiales
con los que se construye.
Como dijimos, Mesopotamia es un territorio de depósitos aluviales
(sedimentarios), es decir, no existen canteras de las que poder extraer piedra,
así como tampoco grandes bosques cuya madera sirva para construir soportes o
cubiertas. En estas circunstancias, el arquitecto mespotámico no podía realizar
edificaciones arquitrabadas al uso, puesto que el único material abundante, el
barro (utilizado formando bloques cúbicos), presentaba una débil consistencia
dispuesto en línea recta. Como solución se experimentara una disposición
radial; había nacido el arco y la bóveda, y con ellos la arquitectura
abovedada. Como soporte se utilizarán simples muros de carga fabricados
también de ladrillo. El tipo de ladrillo
más utilizado era el adobe (ladrillo secado al sol); en menor medida se utiliza
el ladrillo cocido sólo para el revestimiento de los edificios, siempre
trabados con betún.
La cultura mesopotámica combinaba el fervor religioso con la exaltación
real. Por eso, sus construcciones más significativas son los templos y los
palacios. Los primeros se desarrollarán con carácter individual hasta el II
milenio a.C., hasta la aparición de los grandes imperios con sus monarcas, que
primarán la arquitectura palaciega sobre la religiosa.
La escultura conoce en
Mesopotamia un gran desarrollo derivado, en primer lugar, de su carácter votivo inicial, pero sobre
todo del papel doctrinario que irá adquiriendo el arte progresivamente, como
transmisor de los esquemas que rigen la sociedad mesopotámica. Se cultiva tanto
el bulto redondo como el relieve, en todo tipo de materiales aunque
preferentemente piedra.
Comentario de una obra de arte: LA VENUS DE WILLENDORF.
Aquí os dejo un ejemplo de comentario de una obra de arte, en este caso de una obra escultórica de la Prehistoria. Echadle un vistazo para ver como se hace...
Escultura de bulto redondo, naturaleza ritual, realizada
en piedra caliza, tallada y policromada en rojo con pigmento de óxido de hierro
(hoy perdido casi en su totalidad). Es característica del arte mobiliar que se
desarrolla por todo el continente europeo y Siberia durante el Paleolítico
Superior, entre el -35.000 y el -10.000. Se trata de una de las primeras
manifestaciones artísticas de la humanidad, como objeto que pierde su
utilitarismo material en favor de una significación simbólica asociada al
pensamiento complejo del Homo Sapiens.
Representa una figura femenina formalmente caracterizada por
su naturalismo, como denota su cuidada ejecución y el concienzudo tratamiento
de algunas zonas del cuerpo: cabellos, brazos, caderas, piernas…, que revelan
un profundo conocimiento de la anatomía femenina y una más que notable
habilidad para esculpirla. Sin embargo, su composición, marcadamente frontal y
de diseño cerrado y estático, evidencian todavía un notable primitivismo,
asociado así mismo a una cierta simetría en la ejecución.
Su rasgo formal más característico es el abultamiento de las
nalgas y muslos, característico de la imagen que nos ocupa y otras similares. No
obstante, su rasgo común es estar embarazadas.
Aunque su sentido último se nos escapa, la ausencia general
de rostro y el especial tratamiento de los atributos sexuales –en relación con
la alimentación y la concepción- han acaparado sus significados. Habitualmente
se interpretaron como prototipos de belleza o diosas de la fecundidad (de ahí
la denominación de “venus” con que se conocen en la actualidad); más
recientemente, su relación con los hogares de las grutas paleolíticas, ha
llevado a su identificación como grandes madres protectoras de la tribu. Las
últimas tesis quieren ver en ellas la imagen de las antepasadas, personajes
legendarios o fetiches: la materialización de la línea maternal ancestral, la
mujer protectora de la familia y de los hijos, y hasta la Madre del Fuego.
Los ejemplos encontrados no son muy numerosos si los
comparamos con otros de arte prehistórico antiguo, aunque destacan sobremanera
respecto a las esculturas antropomorfas masculinas y las zoomorfas. Son todas
de pequeño formato (entre 5 y 25cm) y se trata casi siempre de esculturas
exentas, reafirmando con ello su carácter mobiliar. Suelen estar realizadas en
piedra o hueso.
La
imagen representada es concretamente la VENUS
DE WILLENDORF (Austria), realizada posiblemente entre los años –25.000 y -23.000.
Mide poco menos de 11cm y se conserva en el Museo Arqueológico y de Historia
Natural en Viena. Otros ejemplos son las venus de Lespugue, Dolni Vestonice,
Grimaldi o Buret.
jueves, 21 de septiembre de 2017
Análisis de obras de arte: método para su comentario.
Existen muchos modelos para el comentario
de obras de arte, según las distintas escuelas que se ocupan del estudio de la
Historia del arte. Os propongo uno de ellos, que trata de integrar las
principales corrientes para abordar el estudio de la obra de la manera más
general posible.
FASES
DEL COMENTARIO:
1) Lectura.
Se trata de observar detenidamente la obra
de arte, para identificar y comprender todos los elementos que la componen y
pueden ser significativos en el comentario.
2) Comentario.
2.1. Clasificación.
Es una ficha técnica de la obra que vamos a
comentar:
-
Partimos
de la distinción ilustrada de las artes: Artes Mayores (arquitectura, escultura
y pintura) y Artes Decorativas o Menores (en alusión a todas aquellas que
tienen un componente artesanal: grabado, textil, mosaico, orfebrería, cerámica,
yesería, eboraria, etc.)
-
A
continuación elaboramos una ficha técnica de la obra, para definir los
siguientes aspectos:
. Si es una arquitectura: su tipología constructiva
(adintelada/abovedada/mixta), su diseño en planta (longitudinal/centralizada),
su función (religiosa: templaria/funeraria; civil (público o privado):
habitacional, cortesano-palaciega, gubernativo, económico, conmemorativa…) y el material con que está
realizada (si la fotografía nos permite deducirlo).
. Si es una escultura: su tipología respecto al
espacio que ocupa (bulto redondo: fija (única o grupo)/móvil; relieve: en
negativo: hueco/inciso, en positivo: bajo/medio/alto), el material con que está
realizada y su técnica de ejecución (madera/talla-sustracción,
piedra/talla-sustracción, barro/modelado-adición, bronce/fundición-vaciado) y
su función: religiosa: devocional/votiva, profana (pública o privada):
propagandística/ conmemorativa/decorativa.
. Si se trata de una
pintura: su tipología, determinada
por el tipo de soporte (mural: inmóvil; de caballete: móvil, aunque se trate de
un formato enorme), el material y la técnica de ejecución (en el caso de la
pintura mural: al fresco/en seco, realizada con pintura al óleo, temple, acrílico; en el caso de la
pintura de caballete: sobre soporte (papel, tabla, lienzo…), realizada con
pintura al óleo, temple, acrílico, acuarela, guache, pastel…, y su función:
religiosa: devocional/funeraria, profana (pública o privada): propagandística/conmemorativa/decorativa…
-
Finalmente
intentaremos aproximarnos a su contexto espacio-temporal. Si podemos ser
precisos, indicando un momento concreto dentro de su estilo artístico. En caso
contrario, de forma muy general:
2.2) Análisis formal.
Es una
descripción de los elementos perceptibles de la obra de arte.
a)
En una arquitectura
debemos considerar los siguientes aspectos:
-
Los elementos sustentantes: muros de carga,
columnas (tipos, según su orden), pilares (tipo de sección), dinteles
(decorados o no) y arcos (tipos).
-
Los elementos sustentados: techumbres planas
(tipos), bóvedas (tipos) y cúpulas (tipos).
-
El volumen de la obra. Compacto (a base de masas
rectas con tendencia al bloque) o dinámico (a base de masas curvas con
tendencia al movimiento). Horizontal (con tendencia al estatismo) o vertical
(con tendencia ascensional)
-
El uso de la proporción: armónica (mediante la
utilización de módulos matemáticos que se repiten por todo el edificio) o
inarmónica (a través de efectos teatrales o de la alteración de los módulos de
proporcionalidad).
-
La concepción del espacio interior: diáfano o
compartimentado (en naves, por iconostasis…).
-
La utilización de los vanos: tipos y situación, en
relación con la luz y el espacio interior (luminoso, oscuro; luz natural o
simbólica…).
-
Elementos decorativos: tipología (elementos
arquitectónicos, escultóricos, pictóricos…) y disposición en el edificio
(muros, bóvedas, portadas…); abundante o escasa…
b) En una escultura debemos considerar los
siguientes aspectos:
-
El
volumen. Es la cualidad fundamental de la escultura y, por tanto, el primer
elemento a observar, desde los siguientes supuestos: abierto (si la escultura
se abre a diferentes volúmenes o planos de composición)/cerrado (si la
escultura se cierra en un bloque homogéneo), monofocal (frontalidad)/multifocal
(ofrece distintos puntos de vista). El volumen está directamente relacionado
con la sensación inicial que transmite la escultura: pesadez/ligereza y con los
conceptos de lleno/vacío que transmite respecto al espacio que ocupa.
-
La
composición. Está directamente relacionada con el anterior. Se trata de
observar las líneas predominantes en la imagen. Con carácter general, las
líneas centrífugas nos remiten a una escultura abierta y las centrípetas a una
escultura cerrada; las diagonales a una escultura dinámica y las verticales u
horizontales a otra más estática.
-
El
movimiento. Se relaciona asimismo con la composición y el volumen. Podemos
encontrar esculturas dinámicas (mediante recursos compositivos: líneas
diagonales, líneas curvas, escorzos, etc, o plásticos: agitación del cuerpo, la
vestimenta o el cabello; contraposto,
serpentinata, etc) o estáticas (mediante recursos compositivos: líneas rectas
horizontales o verticales, o plásticos: hieratismo, rigidez, frontalidad,
sedencia, etc).
-
Como
en la arquitectura, la proporción también es un valor a considerar: clásica (si
responde a un módulo canónico), manierista (si responde a módulos ligeramente
modificados) y anticlásicos (si ignora los anteriores o simplemente los
adultera).
Finalmente debemos
observar tres aspectos en relación con el acabado de las esculturas:
. La superficie.
Suele ser un recurso expresivo del artista. Está determinada por las cualidades
del material y transmite sensaciones táctiles: intuitivas (non finito),
realistas/expresionistas (sin acabado o ligeramente terminadas), idealistas/
hiperrealistas (muy pulimentadas).
. La luz y la
sombra. Se utilizan en escultura como cualidad plástica y expresiva, y depende
también del material y la técnica empleados. La luz plana contribuye al
estatismo, la solemnidad y el distanciamiento de las imágenes. Por su parte,
los contrastes de luces y sombras acentúan el volumen y, en general, el
dinamismo de las obras, procurándoles mayor realismo y expresividad. Algunos
materiales como el mármol o el alabastro adquieren un brillo propio con la luz,
que puede servir para destacar una idea o representar un plano o imagen
trascendente.
-
El
color. Puede ser un valor añadido a la escultura, teniendo en cuenta que muchas
de ellas –especialmente hasta el Renacimiento- se conciben policromadas. Sobre
las estatuas, el color puede ser un recurso para acentuar el naturalismo o la
expresividad de las imágenes, además de un elemento simbólico o simplemente
decorativo.
c) Muchos de los aspectos tratados a propósito de la escultura son
aplicables también a la pintura: composición,
movimiento, proporción, aunque con matices específicos. No obstante, ésta
presenta elementos propios que debemos analizar en una descripción formal:
-
La
línea y el color. Son valores complementarios o contrarios en una obra
pictórica, según predomine una u otro. La abundancia de la línea implica la
realización de un dibujo previo que, en general, se traduce en obras más academicistas
(sometidas a unas normas más o menos rígidas de ejecución), contenidas y/o
estáticas; el predominio del color implica una obra más espontánea, informal
y/o dinámica. En las primeras, las líneas rectas refuerzan el equilibrio y la
armonía de la obra; las curvas, por el contrario, traducen sensación de movimiento,
desequilibrio y fugacidad. Las líneas
verticales transmiten sensaciones místicas, las horizontales sensaciones
terrenas; los trazos abiertos procuran la ensoñación y creatividad, los cerrados
tienen un propósito descriptivo y acabado. Las pinceladas fuertes revelan un
carácter expresivo, las esbozadas o débiles uno sugestivo.
Los colores básicos
son denominados primarios y no puede descomponerse en otros (amarillo, rojo y
azul). La combinación de éstos da como resultado los colores secundarios
(anaranjado, violeta y verde). Estos seis colores constituyen la gama de
cálidos y fríos. Los cálidos (amarillo, anaranjado y rojo) expanden la luz y
por ello acercan la representación al espectador; provocan emoción y fuerza. Los
fríos (violeta, azul y verde) absorben la luz y por tanto ponen distancia entre
el artista, su obra y los ojos que la analizan, provocan desazón y ligereza.
Los colores además han adquirido con el tiempo un valor simbólico, que depende
muchas veces de una época o cultura determinada. Así, por ejemplo, el blanco
puede asociarse a la pureza, el amarillo a la divinidad, el negro a la muerte,
el rojo a la vida o a la pasión, el azul a la eternidad…
-
La
luz es un elemento asociado al color y en una obra pictórica, por tanto,
siempre es artificial. Por esto, el pintor la utiliza como recurso para
enfatizar otros aspectos de la obra o crear sensaciones. Así, una luz homogénea
tiende a transmitir sensaciones estáticas (equilibrio, armonía, clasicismo),
mientras que una luz contrastada (claroscuro) tiene un carácter más expresivo y tenso. La posición
desde la que se iluminan los objetos también es un elemento fundamental de la
composición. Las luces cenitales crean espacios amplios y ordenados, las
oblicuas o focales amplían la sensación de perspectiva y centran la atención
del espectador sobre un punto de la obra.
-
La
perspectiva es un aspecto propio de la pintura cuando se trata de la
representación de un espacio tridimensional sobre el plano. Fue conocida desde
la Grecia helenística, a pesar de lo cual dejó de utilizarse en aquellos estilos
o manifestaciones que primaban el realismo intelectual sobre el natural.
Existen dos métodos básicos de representarla: lineal o geométrica, y aérea. La
primera consiste en representar los objetos a partir de líneas que convergen en
puntos de fuga siguiendo una proporción matemática, la segunda se basa en las
alteraciones que produje en el ojo humano la distancia de los objetos
(alteración de la gama cromática y pérdida de definición en los contornos).
-
Finalmente,
un valor a considerar al analizar un cuadro es su textura, que depende del
soporte utilizado, los materiales pictóricos y el tipo de pincelada. Se trata
de un elemento muy interesante, especialmente en la pintura más moderna, que
determina cualidades plásticas y expresivas de la obra: las texturas lisas dan
sensación de acabado y reflexión, las rugosas de espontaneidad y expresión. Los
acabados brillantes favorecen la visión intuitiva de los detalles, mientras los
mates permiten una visión introspectiva y reflexiva. Además, la textura puede
otorgar a la pintura cualidades tectónicas, según se aplique con pincel,
brocha, espátula o mediante dripping.
2.3) Análisis ideológico.
En este punto se
interpretan los aspectos no formales de la obra de arte comentada (“lo que no
se ve o lo que se sabe”). Es la parte más importante del comentario, pues
consiste en profundizar en todos aquellos elementos que condicionaron y
caracterizaron su realización. En todos los casos debemos atender a dos tipos
de valoraciones:
-
Conceptuales.
A partir de la interpretación del mensaje de la obra de arte. Se puede utilizar
cualquiera de los métodos historiográficos: sociológico, semiológico,
psicológico, iconográfico…
Intentaremos
responder al porqué de la obra de arte y los elementos que la conforman.
-
Contextuales.
Mediante la relación de la obra con su contexto histórico (espacio-temporal):
ideológico, económico, político, cultural, artístico, etc.
Intentaremos
establecer los condicionantes para la utilización de unos determinados
elementos plásticos y no otros.
3) Conclusión.
La conclusión se configura como la concreción
de la obra de arte y de sus aspectos exógenos: ubicación, importancia a lo
largo de la historia, antecedentes y consecuentes, relaciones y filiaciones,
etc.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
-
La imagen que comento a continuación es una representación escultórica exenta o de bulto redondo, tallada en mármol. En realidad ...
-
Ya podéis colgar vuestros poemas sobre comunicación. Si el programa no os deja agregarlos a este documento, podéis hacerlo como comentarios ...
-
Idem, pero aquí los poemas sobre incomunicación...







